El otro día coincidí con un amigo mío de Bilbao y hablando de la crisis (de qué si no) me confesó que cada vez le gustan más las fábricas. “Crean empleo, generan negocio alrededor, se integran en las comunidades locales…”. La explicación, proporcionada de forma espontánea por una persona de la calle, me sorprendió. Y no porque esté en desacuerdo con ella, sino más bien por lo contrario: porque ese es un buen resumen de las conclusiones a las que hemos llegado en nuestro informe sobre los temas candentes de la industria en 2012.
Decirlo no está de moda, pero sí: la industria es muy importante. Cuando no se habla más que de rescates financieros, de primas de riesgo y de participaciones preferentes, cuando parece que lo único que nos debe importar son los bancos y los servicios, ahora es justo el momento de poner en valor las ventajas del sector industrial. Ya sabemos que no es un sector cool, que a veces contamina y mancha, que en ocasiones no huele bien y que tiene cierta propensión a la conflictividad laboral, pero la industria es un potente sostén del tejido económico que en los últimos años hemos infravalorado. Como intuía mi amigo del País Vasco (y algo saben de esto por allí arriba), es un sector no especulativo, que genera un valor añadido por empleado más elevado que el resto, que promueve el I+D (aporta el 45% de la inversión en esta materia, tres veces más de lo que le corresponde de acuerdo a su peso en el PIB) y en el que el 85% de sus trabajadores tienen contrato indefinido.
Por supuesto, la industria española no ha sido ajena a las dentelladas de la crisis. En los últimos cuatro años, el Índice de Producción Industrial ha caído casi un 25%. El sector ha perdido competitividad, aunque no tanto por culpa de la subida de los salarios (seguimos teniendo uno de los costes laborales por hora trabajada más bajos de Europa) como por la falta de productividad, asociada en términos generales al reducido tamaño de nuestras empresas industriales.
Par resolver esos problemas, necesitamos un modelo industrial específico. Aquello de que “la mejor política industrial es la que no existe”, que en los años ochenta se atribuyó a un ministro, aunque él negó siempre haberlo dicho, es hoy más que nunca un disparate. Nos hace falta una política industrial decidida, consensuada por todos los agentes que participan en el sector y blindada ante las oscilaciones del cambio político. De esa forma, a su alrededor podremos construir una política energética adecuada y crear el marco más conveniente para el desarrollo del I+D, de la acción formativa, de la innovación y de la internacionalización del sector.
Si hacemos todo eso, estaremos dando un buen empujón para salir de la crisis. Y mi amigo bilbaíno dormirá más tranquilo.
Julio Balaguer, socio responsable del sector Industria de PwC
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Este país entró tarde a la industrialización del s.xix y por desgracia hay gente que no entiende que el tener una industria potente es lo que te da la base para poder desarrollar otros sectores como los de servicios. Un país que entiende que la I+D es 'cómo sacarle dinero a papa-estado' es muy dificil que comprenda que lo que esta haciendo en Euskadi y otros sitios protegiendo las pymes, la industria, etc.. es lo que hay que hacer, ya se terminaron las épocas del boom turistico e inmobiliario, no podemos salir adelante con un país de camareros y albañiles.
Publicado por: C001karakura | 28/06/2012 en 19:06
Gracias por tu comentario.
Publicado por: Julio | 26/07/2012 en 20:05